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Espejismos de Estambul

1ª Parte
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Allí donde Europa se difumina y entrelaza sus raíces con el mágico Oriente existe una ciudad que ha sido siempre un crisol de culturas, un cruce de caminos. Famosa por el gran número de gatos, mezquitas, minaretes y kebabs por metro cuadrado, Estambul es una ciudad de contrastes, a caballo entre dos continentes y diferentes maneras de ver el mundo. Entre niqabs, minifaldas, especias y vapores de narguile asoman como espejismos las joyas de lo que un día fue la capital de un imperio mítico. Desde la Red Cultural DAFY te invitamos a que descubras todos sus rincones de la mano de un doble fotorreportaje, con una primera parte panorámica y una segunda centrada en el día a día de sus gentes. ¿Te lo vas a perder?

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Vista de Eminönu, el barrio más antiguo de Estambul. En él se encuentran el Gran Bazar, Santa Sofía, la Mezquita Azul, la estación del Orient Express y el Palacio de Topkapi, antigua residencia de los sultanes. Actualmente es la zona más integrista de la ciudad, y también la más cara.

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La famosa Mezquita Azul, o de Sultanahmed, es la única en Estambul con 6 minaretes. Los turistas pueden visitarla siempre y cuando se descalcen, permanezcan en silencio y las mujeres vayan cubiertas por un pañuelo.

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A pesar de la afluencia turística, el interior de la Mezquita Azul mantiene un ambiente de intimidad espiritual que sobrecoge a los visitantes.

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La Basílica de Santa Sofía, construída en el 360 dC, fue reconvertida en mezquita tras la ocupación otomana en el siglo XV. Sus mosaicos de oro y las lámparas flotantes crean una atmósfera casi irreal en la semipenumbra del templo. En su interior pueden verse gatos callejeros paseando a sus anchas, sin que ningún guardia se atreva a echarlos. No dejes de pasar por la columna de los deseos, a la salida de la nave. Efectividad 100% comprobada.

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La Cisterna de Estambul, construída a principios del siglo VI por el emperador Justiniano, es una magnífica obra de ingeniería: más de 300 columnas de mármol de 9 metros de altura convierten este espacio en un auténtico palacio subterráneo. Misterios no le faltan: mucho se ha especulado acerca de sus dos famosos sillares en los cuales aparece el rostro de Medusa, el mítico monstruo con serpientes en la cabeza. También podréis ver la columna “de las lágrimas” y hasta un pequeño santuario pagano dedicado a las ninfas del agua.

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El Puente de Gálata une las dos mitades de la parte europea, separadas por el Cuerno de Oro, el estuario del Bósforo. El piso inferior está atestado de restaurantes con rótulos de neón fluorescente. ¿El menú? Lubinas y caballas recién pescadas en el mismo puente.

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Vista del Cuerno de Oro (izquierda) y del lado asiático (derecha) desde una de las terrazas delpalacio de Topkapi, residencia de los sultanes otomanos desde el siglo XV hasta el XIX. Su interior está formado por diferentes niveles de estancias, patios y jardines a los que se podía acceder en función de la relación que se tuviera con el Sultán.

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Interior del palacio de Topkapi. Este patio, situado en uno de los últimos niveles de accesibilidad, se encuentra junto al harén, el cual llegó a albergar a 800 esposas. Muchas eran seleccionadas desde niñas entre las mejores familias y adiestradas durante años en idiomas, música y otras artes. A pesar del mito romántico y la expectación que genera,es la parte menos vistosa y cuidada de todo el recinto.

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En el siglo XIX el Sultán Abdul-Mejid I trasladó la sede del Imperio otomano al palacio de Dolmabahçe, frente al Bósforo. A consecuencia de esto, la costa del Cuerno de Oro se llenó de lujosas residencias pertenecientes a la nobleza de Estambul. Hoy en día, esta zona alberga algunas de las terrazas y cafeterías más selectas de la ciudad turca.

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La Torre de Gálata, situada en el barrio del mismo nombre, es uno de los símbolos del skyline de Estambul. Fue edificada en el siglo XIV por la colonia genovesa como instrumento de defensa. Según la leyenda, el primer hombre del mundo en volar lo hizo saltando desde esta torre en el siglo XV, con unas alas artificiales inspiradas en los inventos de Leonardo da Vinci que le permitieron cruzar el Bósforo y aterrizar en el lado asiático. La mejor hora para visitarla es en la puesta de sol, aunque también es cuando más cola hay. Si queréis una experiencia única, podéis cenar en el piso superior durante los espectáculos nocturnos de danza del vientre. ¡Inolvidable!

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Algunas de las 22 puertas de entrada al Gran Bazar se encuentran escondidas en estrechas callejuelas y casi tapadas por la mercancía de los vendedores. Esta, situada en la zona de los objetos metálicos, apenas es utilizada por los turistas. Ventaja: no te acosarán con alfombras, bolsos o lámparas. Si encuentras estas puertas conocerás el auténtico espíritu del bazar tradicional.

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El Bazar Egipcio, mucho más pequeño y menos conocido que el Gran Bazar, huele permanentemente a curry, canela, rosas y una mezcla de tés aromáticos. Los causantes son los enormes sacos de especias, frutos secos e infusiones que atraen al visitante con sus colores -y sobre todo- sus olores. Imposible resistirse a un jabón de hierbas o a comprar una caja de especias variadas. Pero no os dejéis engañar: en el barrio vecino de Gálata, menos turístico que la zona antigua de Eminönu, podréis encontrar los mismos productos a mitad de precio.

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Curry, cardamomo, todo tipo de pimientas, azafrán iraní, pétalos de rosa, canela en rama, orégano y mezclas imposibles de varios ingredientes… El Bazar Egipcio es visita obligada para aquellos que quieran descubrir el sabor de Estambul.

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Pero si hay algo que no puedes perderte es probar todos y cada uno de los diferentes dulces turcos que verás en los escaparates de las cientas de pastelerías estambulitas: baklavas, pastas de nuez, enormes rollos de miel y pistacho, turrones de diferentes sabores y todo tipo de delicias turcas, unos cuadrados de frutas confitadas rebozados en azúcar glass. Se toman en pequeñas dosis como postre o acompañando a un buen té negro o de manzana -que irán también hipercargados de azúcar-. Serio riesgo de hiperglucemia y adicción.

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Verás por todas partes estos rollos de pistacho, huevo hilado y miel. Acabarás cayendo.

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Los derviches son unos monjes místicos de Turquía famosos por su danza giratoria a través de la cual aseguran “alcanzar el éxtasis” y llegar a Allah. Esta antigua librería situada en la calle Istiklal es especialista en realizar Basmalas, imágenes dibujadas mediante el empleo de la caligrafía árabe.

La calle Istiklal, en el barrio de Gálata, es el escaparate de la modernidad estambulita: tiendas de instrumentos musicales, vinilos, cafeterías chic y un buen puñado de antiguas embajadas, hoy reducidas a consulados. Es uno de los barrios con más vida nocturna y donde menos mujeres cubiertas se ven.

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No te pierdas la segunda parte de nuestro reportaje Espejismos de Estambul

Bon voyage!

Escrito por Elena González Castillo.

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