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La Prisa
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La Prisa

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Aparezco tarde,
comedida, agachada en la fría calle,
respirando la savia que, congelada,
se aprecia en el aire.
Salgo, ando, observo y callo,
cierro mi boca sellada
en susurros del alma,
ansiando escapar.
Paso tras paso
choco con personas
que también llegan tarde,
corren,
y a pesar de su rapidez
tardan más que otras.
Miro mi reloj y no lo llevo,
pero sé que es tarde,
noto la tarde caer
en su rojizo escaparate.
Cuento los segundos
para adivinar la hora
y llego tarde,
con estresante bombeo
de mi sangre que me avisa…
…que me avisa.
Oigo los ruidos
pero no los percibo,
no miro hacia arriba,
la arquitectura no existe,
ni el arte, ni la belleza,
porque llego muy tarde.
Se me cruzan las ratas del aire,
mientras un abuelo y su nieto
les dan de comer en el parque.
Rozo hombros, abrigos,
paraguas precavidos,
bolsos, mochilas,
bolsas de la compra, zapatos
cabezas y manos…
en un vagón del metro;
y siento que nos hacemos uno ahí dentro,
mirando a la nada,
al reflejo de las ventanas,
apreciando el vaho del ambiente
con ojos abiertos
en la oscuridad salvada,
bajo tierra, bajo el tiempo.

Aparecí tarde y llegué temprano,
era la hora exacta,
pero sentí que aparecí tarde
porque ya el mundo se aceleró
y siempre, siempre llego tarde.

 

Fotografía de cabecera: Chema Madoz (España, 1958)

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