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Te conozco como si te hubiese perdido.
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Te conozco como si te hubiese perdido.

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El otoño llega y el cuaderno no se desnuda.
Los recuerdos no se olvidan,
los acumulas y son ellos los que dejan de llamarte.
Nosotros seguimos igual de valientes frente a distintas cobardías.
Y tú.. Tú no me busques explicación; hace tiempo que quise perderme toda,
pero la razón quítamela incluso no teniéndola.

A tropezar tres veces con la misma piedra lo llamo divagar.
-¿Por qué llamas piedra a un órgano?
¿Y por qué no hacerlo?
Al fin y al cabo, las letras dicen que somos un 20% de sangre y otro 70% corazón.
El porcentaje restante es lo que no dormimos, pero no dejamos de soñarlo.
Que le follen a la ciencia.
-Cómo te gusta hacer la tonta.
La suerte es que consigo que te rías.

Tantos sentimientos nos están volviendo cuerdos,
pero tú sigues quedándote, ya sabes, hecho un lío.
-A la de trece dejas de temblar.
Son estas piernas, que siempre están corriendo.
-Cuántos pájaros tienes en la cabeza.
Si fuera pregunta te diría que ojalá los tuviera todos en los dedos,
para que no sientas jamás que te enjaulo.

Y salgo volando.
Y tú no disparas.

Me gustaría explicarte que tú me haces feliz
de la misma manera que yo me pongo triste.
-No llores, que te pones muy guapa. Y yo no puedo destruirme más lejos.
A ver quién es quien no dice ahora tonterías.
-Me lo estás pegando todo; desde el frío hasta tu gripe emocional.
Y te sonrío como si fuese sano,
por qué duele.

No seas tú quien se vaya a saber.

Eres loco de remate y amas igual que duermes:
con los ojos cerrados y la boca entreabierta.
Así cómo no van a tragarte las mariposas.
Te espero.
De martes a lunes.
Y me desespero más de lo que llego a quererte.
-¿Algún día dejarás de tener prisa?
Cada vez que me miras.

El grillo con sombrero está remodelando la habitación
y yo me niego a que me barra los pies y los derrumbes.
Cállame de una puta vez el pensamiento a golpes de lágrimas,
que no se nos olvide que nos va a doler toda la ira
las 365 veces que no echemos de menos el camino de vuelta.

De dar mi abrazo a torcer no he aprendido nada,
sin embargo me he reconstruido de cientos de personas
que llevaban décadas viviéndome por puro amor propio.
Si te vas a encontrar,
qué menos que sea en el puño de alguien que se atreva a abrirlo
cuando pidas auxilio simulando emergencia.
A veces donde cabe duda no quepo yo, pero sé con total seguridad
que seguridad nunca será que te den la mano.
Sino que te la cojan.

Llegados a este punto de sutura,
las quemaduras de tercer grado no son tan feas
ni asustan tanto
como la gente que, negándose a saber mirar, grita.
De todos modos ya sabes que yo no puedo quedarme quieta.
Y mucho menos callada:
voy a quitarte los miedos por encima de todos mis silencios.

-¿Has visto qué buen día hace hoy?
A mí me lo vas a leer, que llevo toda la noche mirándote.
Entonces cierras la puerta
y te quedas.

-Nos vamos a morir de algo grande.
-¿Qué te creías? ¿Que todo esto amor nunca nos iba a caer muerto encima?

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