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Una reflexión sobre las relaciones a través de la película

Una muy buena amiga me dejó el otro día el DVD de ésta película, y le pregunté si le había gustado. Su respuesta fue: “refleja muy bien las relaciones a distancia”. Con el “muy bien” y “relaciones” ya casi lo tenía todo para captar mi interés así que me traje la carátula a casa y la vi.

No es una gran película, pero en efecto es un buen reflejo de las relaciones, y no sólo a distancia, sino de esas que desde la Postmodernidad, se llaman relaciones líquidas.

Pero ¿Qué es el amor líquido?

Definido por Zygmunt Bauman es un concepto desarrollado en su obra Amor líquido. Acerca de la fragilidad de los vínculos humanos, para describir el tipo de relaciones interpersonales que se desarrollan en la Postmodernidad. Caracterizadas por la falta de solidez, calidez y por una tendencia a ser cada vez más fugaces, superficiales, etéreas y con menor compromiso.

Pero ¿de dónde parte todo esto?

Seguramente halla que remontarse a hechos pasados para explicar el devenir de las sociedades en el individualismo por excelencia, y uno de los acontecimientos más importantes es La Segunda Guerra Mundial, la salida victoriosa de EEUU de la contienda y por lo tanto del Capitalismo, y de la quiebra de valores entre generaciones y su irrupción en el panorama social y filosófico en el conocido Mayo del 68 francés.

Bauman explica cómo en las sociedades del capitalismo avanzado aparecen algunas tendencias que afectan a cómo se entienden las relaciones personales. “La tendencia al individualismo hace ver las relaciones fuertes como un peligro para los valores de autonomía personal. A esto se une la generalización de la ideología consumista que provoca la mercantilización de varios ámbitos de la vida. En este sentido el resto de personas empieza a verse como mercancías para satisfacer alguna necesidad, y el amor se convierte en una suerte de consumo mutuo guiado por la racionalidad economicista donde el ethos económico invade las relaciones personales. En este contexto los vínculos afectivos estables se convierten en una hipoteca. La idea del matrimonio católico, el hasta que la muerte nos separe, deviene un plazo inasumible en una sociedad marcada por el eterno presente y el usar y tirar de la sociedad de consumo. Para Bauman las relaciones por Internet se convierten en el modelo que se exporta al resto de relaciones de la vida real. De hecho más que relaciones se buscan conexiones, ya que estas no necesitan de implicación ni profundidad, en las conexiones cada uno decide cuándo y cómo conectarse, y siempre puede pulsar la tecla suprimir.”

Y en parte, estoy de acuerdo con todo lo que dice Bauman, ¿acaso hoy en día somos capaces de mantener relaciones estables, de ésas que duran eternamente en el tiempo como las de nuestros abuelos? ¿acaso somos capaces de renunciar a nuestros sueños y aspiraciones por vivir en pareja? ¿acaso los sentimientos no cambian? ¿acaso tenemos que llevar la misma vida toda la vida?

Esto es un poco de lo que habla 10.000 km, una pareja que busca tener una hija, pero que todo se desestabiliza cuando ella recibe una beca en Los Ángeles para exponer sus fotografías, su sueño. La acepta y la pareja se separa decidiendo llevar su relación a distancia de la mejor manera, pero al final se acaba convirtiendo en eso que decía Bauman de las relaciones por internet en las que no hay profundidad, ni afecto, y todo es un continuo de palabras que muchas veces están vacías, porque lo que le da importancia muchas veces es el afecto que llevan dentro, y ¿qué lugar deja Skype o Facebook a todo ello?

Fotograma 10000km

Fotograma 10000km

Es tremendamente complicado hoy en día mantener una relación, porque muchas veces significa renunciar a… y no todos estamos dispuestos a pagar ese precio. Pero, quizá Bauman piense que ya estamos condenados a vagar solitarios por el mundo, que todo se ha vuelto superfluo, y que los sentimientos son puro y mero narcisismo. Yo considero, y quizá mi visión sea algo tradicional, que no es imposible, es complicado sí.

Siempre he considerado que los sueños es el motor de la vida, y por lo tanto creo que la clave de toda relación es soñar juntos, porque cuando se deja de soñar se acaba la magia, y llega la rutina, y llega el ego que te dice que no tienes porqué renunciar a tu vida por vivirla en pareja. La clave siempre son los sueños, siempre es el construir y dejarse llevar por la vida en un proyecto en común, donde haya espacio para ambos, para cada una de sus individualidades, manías, deseos, miedos, pero todo en equilibrio.

Es cierto, es jodidamente complicado encontrar esa pareja que sueñe como tú, y también es cierto que la mayoría de la gente se va perdiendo en el consumismo-capitalismo, y hacen de las relaciones pura mercancía, un juego de usar y tirar. Ahora sí, ahora no. Y es divertido. Pero está hueco. Y no hay medias naranjas, no. Pero cada uno sabemos que en nuestro corazón y en nuestro futuro siempre falta algo, que no es lo mismo en el tiempo, pero que vivimos inevitablemente tratando de rellenarlo. Hay quien lo hace con dinero, con lujos superfluos con los que evitar la cara más verdadera y siniestra del amor. Hay quien se rinde a lo primero, a la intensidad de lo efímero. Hay quien no quiere entregarse, y vive sólo. Hay quien espera y hay quien decide que su amor supere todas las distancias y todas las barreras. Todo es cuestión de valores, ideales, y de sueños.

¿Pero el amor acaso se puede soñar sin que sea perfecto?

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