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Supliqué al reloj que parase el tiempo que desataba el océano en mi cabeza
el vacío persistía
bailaba la lluvia resbalando en las ventanas
y mil sonidos
mientras contemplaba el alma de la ciudad
su atardecer, la caída de los ángeles entre las nubes

No cesaba el eco de tu ausencia en mis pasos

la música, el piano, tu vida hecha canción, se alzaba en mis oídos
las farolas hacían destellar mis ojos brillantes, atrapados en lágrimas
cayendo como cartas
que no llegas a enviar
que no son leídas

Sabía que tenía que volver
a perder partes de mi alma en distintos corazones que fingían ser mi hogar
Fumando y contemplando como los años se deshacen con el humo, dejando huellas y cicatrices en mi cielo
acumulándose
ahogándome

Tormentas en mi mente
la jaula es más grande pero más vacía ahora que te has ido

El silencio no existe allí donde el viento invade la cordura

Gritan los engranajes al pensarte
Esperaba tu huida
aún la espero

Acércate, abrázame, vuelve, no digas nada, te esperaré siempre despierta, con la luz encendida en anhelos y las sombras ocultas junto con mis alas

En el rincón de las salas vacías
tus máscaras

Romper tu orgullo sería mi ultimo grito al abismo
Nuestras vidas ya completas
el desorden de mis palabras
el último punto en mis escritos
La felicidad de ver la vida con luz, contigo.

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