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Madrid, la paz dentro del caos
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Madrid, la paz dentro del caos

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Madrid, ciudad conocida mundialmente por no tener playa, su equipo de fútbol y esas cuatro torres altas. Conclusión, el mundo internacional no tiene ni idea de Madrid. Creo que incluso más allá de Parla tampoco, salvo los fines de semana, no hay quien entre a McDonalds de Gran vía.

Llegué a esta ciudad hace 5 años, tenía grandes expectativas personales de las que no vamos hablar, por suerte nunca quise ser actriz, un sueño roto menos.

Me instalé en el barrio de Chamberí, señoras de abrigo de visión y mercado paseaban por las calles del barrio, ahora se suman a ellas las nuevas generaciones que disfrutan en la calle Ponzano de los diferentes bares que están muy bien “para picar algo’’.

Vivía al lado de la parada de metro de Iglesia, así que voy a situarme como el muñeco de Google Maps e iremos bajando por Santa Engracia hasta llegar a Alonso Martínez, cuyos balcones son los más codiciados, por lo que jamás podré vivir en la calle Fernando VI. Giramos a la derecha y nos topamos con el Mercado de Barceló, es nuevo, no me gusta lo nuevo. Llegamos a Fuencarral, llena de tiendas, pero también de gente, metámonos por cualquier calle de la derecha, vamos a Malasaña y nos tomamos una lata en el Dos de Mayo, si no, prepárate para la cerveza de 3 Euros en cualquiera de los bares de madera y paredes blancas que ahora recorrer toda la Corredera Baja de San Pablo y parte de la Alta.

Hemos llegado a Callao, habiendo pasado por la plaza de la Luna esquivando balones de fútbol, que por suerte, en esta ocasión, no han alcanzado mi cara. ¡Pero esperad! Me he dejado a la izquierda el barrio de Chueca, Gay por excelencia, bueno, realmente Madrid es gay y Chueca comenzó con este movimiento. Tiene una plaza en la que algunas chicas juegan por la noche a fútbol con latas de cerveza, un mercado en el que se come pero apenas se compra y un restaurante indio en la calle Belén que recomiendo a todos. Vamos a salir de Chueca y volver a Gran vía, epicentro del tránsito de coches a las 19:30. Llegamos a Sol, la peor plaza de Madrid, subimos Carretas, plaza Jacinto Benavente donde ponen muchos puestos de madera para navidad. A la izquierda iremos hacia Antón Martín, barrio de las letras, en la calle Moratín encontramos el Jazz Bar, un sitio genial para beber y no escuchar Jazz, pero con gran encanto.

Si giramos a la derecha y volvemos a la calle Atocha podemos ir al museo Reina Sofía, pero mejor nos dirigimos a Lavapiés, que ahora está muy de moda los domingos, entre semana es más difícil encontrar a alguien por la noche en esa zona. Nos queda mucho.

Entre cuesta y cuesta subimos a Tirso de Molina, hay muchos puestos de flores que siempre vienen bien para hacer el canelo. Llegamos a la Latina, donde está el rastro los domingos, las tapas, las terrazas, y un señor muy conocido por sus huevos. Si bajamos por la Carrera de San Francisco llegamos a una Iglesia, ahora haz un giro a la derecha por calle Bailen y ahí está, el Palacio Real. Sigue caminando que aquí no hay comida.

Sitúate en la plaza de Oriente y sube hasta la ópera. Ahí termina el trayecto de hoy. Ya que para ir al Barrio Salamanca y recorrernos Castellana necesitamos metro y dos días más.

Madrid, así a simple vista parece agotador, pero realmente es la única ciudad que me da paz, te da la posibilidad de crear tu propio pueblo en el barrio que hayas elegido vivir, caminas por la carretera, puedes pararte a mirar el escaparate de aquella pequeña tienda, y aunque suena a tópico, porque lo es, tiene el cielo más contaminado y bonito que jamás vi.

Madrid es una ciudad que no debes mirar como un pájaro de Google Maps, sino mirar hacía el pájaro.

Autora del relato: Natalia Pontaque

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