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Siento, luego existo
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Siento, luego existo

Hay días y días. Y sonrisas y sonrisas. Días que sonríes por fuera, y otros que lo haces por dentro. Y en vez de hablaros de razones, prefiero hacerlo de co-razones. No busco que se entienda, sino que se sienta. No me fio de los que creen que una sonrisa se refleja solamente al curvar unos labios. Me fio de los que son capaces de verla en una mirada; una mirada que transmita satisfacción, quizá debida a un logro. Y me basta con el de haber hallado el bienestar personal, y espiritual. Mágico. Qué buena sensación cuando notas que se te relaja el alma. Porque suelen decir que somos sentimiento, razón y acción. Yo me quedo con lo primero. Y es que me doy cuenta que cuando más se siente, menos te apetece razonar, y actuar. Miras la inmensidad del mar y experimentas libertad, y te apetece, solo te apetece, disfrutar el momento, interactuar con el viento, respirar, perder la mirada en las olas.Y no te mueves, no actúas, sino que te detienes. Intentas ralentizar el tiempo, y como éste es relativo, lo consigues. Y somos sentimiento, o al menos yo, porque cuando al final del día me siento en la cama, arropada por la manta y pienso qué he hecho durante el día y si he sido feliz, a la segunda pregunta me respondo que sí, y a la primera, que no me ha hecho falta mucho para lograrlo. Y he sonreído por dentro, y eso que siempre he admirado a las personas que sonríen por fuera y que muestran su optimismo. Esas que no paran a lo largo del día porque cuando actúan, sienten. Quizás sea otra manera de ver la vida, y de ser feliz. A lo mejor deberíamos sacar la sonrisa de dentro, afuera. No solo para ayudarnos a nosotros mismos, sino también a los que comparten nuestros días, a los de verdad. Porque somos como bombillas, transmitimos. Algunos brillarán más, otros menos, pero lo hacemos. Y esas buenas vibraciones son las que cuentan. Como esas tardes que llegas a casa desbordando emoción, y todo gracias a personas que te han transmitido bienestar, ganas de reír, de sacar la sonrisa fuera. Sin embargo, hay días ,como hoy, que disfrutas de la misma manera, pero a la vez diferente. Días en los que estás contigo mismo, conociéndote un poco más, dándote cuenta que amas la literatura, leerla, sentirla; tanto como cantar, que espanta el mal y endurece el corazón. Simples placeres de la vida. Pequeñas grandes cosas, que hay días que te apetece experimentarlas; y días en los que tienes hambre de vida y acabas comiéndote el mundo; y días que mejor que no hubiesen existido. Hay días y días. Y tú eliges que actitud poner en ellos. Si sonreír o no. Y si lo haces por fuera, y transmitir; o por dentro, y rozar el alma. Porque hay sonrisas y sonrisas.

 

Autora del relato: Olaia Aramendía

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