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Whiplash
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Whiplash

Emoción y música en vena

Dentro de ésa carrera hacia los Óscars, me faltaban dos películas aún por ver, una era Whiplash, y la otra La teoría del todo. Anunciada la mejor interpretación masculina el otro día en los Baftas para Eddie Redmayne por La teoría del todo, supongo será una gran película (pero me huele a buena interpretación sobre la que se talla una historia archiconocida y muy mediática).

Fuera de ese mundo morboso sobre el que nos ofrecen historias que ya de por si venden, me encontré con éste regalo: Whiplash. Lejos de la estela de los grandes y las grandes películas que se hicieron el año pasado y que seguro saldrán galardonadas en la próxima edición de los Óscars (Boyhood, El gran Hotel Budapest y Birdman), está esta pequeña joya.

Fotograma Whiplash 1

Fotograma Whiplash 1

La sensación al acabar la película en medio de una exultante interpretación actoral y musical fue: “Quiero más, esto no puede acabar aquí”. Se me hizo cortísima, y es algo a lo que no estamos acostumbrados a valorar dentro de esa densidad de reflexiones, referencias que nos ofrecen las obras maestras como El gran Hotel Budapest. Películas en las que cuesta a veces seguir en plena forma al inicio y al final. Pero aquí el valor de Whiplash es otro, es un valor cercano a lo musical. Y como decía Nietzsche “Una vida sin música sería un error”. Y es cierto, me cuesta encontrar un arte tan fascinante, tan embriagador, que ni los mejores vinos te acercan a esa especia de éxtasis sentimental, y por supuesto conjugado con el otro mejor vehículo hacia el infinito (el cine) me parece una gran apuesta.

Fotograma Whiplash 2

Fotograma Whiplash 2

La trama, in crescendo, como la propia música y propio de las mejores composiciones musicales, versa sobre la historia de un baterista que tiene ansias de alcanzar la inmortalidad (sacado casi de una obra de Kundera). Con un profesor extremadamente exigente, obsceno, tozudo y narcisista, Andrew Neiman que el traicionará y le hará conocer el precio del fracaso y de la gloria a través del jazz, eso sí, con unos métodos bastante cuestionables. Pero ¿acaso bajo presión no sacamos lo mejor de nosotros mismo? La respuesta en éste film es que en situaciones de crisis el potencial humano, y en éste caso musical se despliega hasta encontrarnos en un más allá de nuestra esencia que en una situación de confort nunca habríamos logrado.

Fotograma Whiplash 3

Fotograma Whiplash 3

Una historia de superación, pero también una historia de renuncias. Cercana a las exigencia de un guión de artista que lleva un riguroso calendario y disciplina, que en muchos casos saca de fondo la locura, obsesión y sentimientos que llevamos en lo más escondido de nuestras almas. Caso parecido a Cisne Negro de Aronofsky, donde la exigencia del arte de la danza y el ballet sacaba el mejor yo de la protagonista alcanzando el cénit de su carrera casi al borde de la muerte, pero un yo oscuro escondido bajo los fondos de la libido. Y la música y el arte, en ambas, se demuestra que es una cuestión de los bajos fondos de nuestro subconsciente, es el seguir un curso natural, que en la sociedad ha sido reprimido, y que sólo en el caos propio de la naturaleza somos capaces de sacar.

Fotograma Whiplash 4

Fotograma Whiplash 4

Por supuesto, los académicos de los BAFTA´s reconocieron el mérito al sonido de la batería de Andrew (Miles Teller), a una edición simétrica y a la interpretación del profesor Fletcher: J.K. Simmons. Veremos qué pasa en los Óscars. Yo por lo pronto estoy en bucle con el final, sólo digo eso.

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