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LOST RIVER; BELLEZA DE LA MUGRE.
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LOST RIVER; BELLEZA DE LA MUGRE.

Ryan Gosling es uno de los nombres que suenan en el séptimo arte siempre asociado a cuestiones físicas, varoniles, amorosas y a cualidades interpretativas alabadas en algunos casos y despreciadas en otros (¡qué mala es la envidia!).

En Lost River, su primer largometraje como director, ha decepcionado a muchos y ha sorprendido a otros tantos. Cuentan los rumores que en la presentación en el Festival de Cannes 2014 fue abucheado. Además, la película en la cartelera nacional ha desaparecido en pocas semanas, expulsada quizás por las demás ofertas de superhéroes, cine español y sobre todo por puro desconocimiento. (¿Alguien sabía “de qué iba” esta película antes de entrar al cine a verla?).

Imagen promocional de Lost River.

Imagen promocional de Lost River.

Presentada con una atmósfera tenebrosa, oscura y poco acogedora, Lost river es el retrato de una profunda suciedad y a la vez de una esperanza oculta que hay que ir vislumbrando a medida que se conoce a los personajes. El espectador llega a dudar igual que ellos si sabrán salir de la más absoluta masacre social creada en Detroit, pero que puede simbolizar el más pobre lugar en el que cada uno se pueda situar. Un lugar inseguro, corrupto, húmedo, implacable con los buenos sentimientos, abominable en definitiva, pero con una belleza escondida que resurge delante de la cámara como si no estuviera explorada aún.

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Fotograma de Lost River.

La belleza es uno de los conceptos más abstractos y discutibles que existe en el mundo. Desde que los humanos empezaran a valorarla en una esfera especial y creíble, ha variado en formas, colores y sexos. Y actualmente seguimos en una constante pugna por alcanzarla. Gosling la ha captado y mostrado en su primera dirección como si hubiera nacido con ese don. Claro está que ha tenido ayuda; Lost river ha sido posible en la mente de este actor y, a partir de ahora, director, por sus trabajos anteriores delante de la cámara, a destacar Drive (Nicolas Winding Refn, 2011) y Blue Valentine (Derek Cianfrance, 2010).

Fotograma de Lost River.

Fotograma de Lost River.

Pero lo cierto es que ha superado con creces el aprendizaje; entre tantos graffitis y edificios derrumbados, entramos a un circo de los horrores con colores chillantes y vibrantes, donde, todo hay que decirlo, ha faltado violencia. La violencia era necesaria quizás en un final un poco menos amable, la violencia como contenedora de la rabia que sabemos siente esa madre porque no puede darles nada a sus hijos, como sinónimo de fuerza que hace avanzar a las únicas personas que habitan ese lugar sin ley. La maldad está encarnada por un personaje, Bully, que parece deparar mucho como un chico de barrio, sin oficio ni beneficio, creyéndose el rey del cobre, pero que ciertamente asusta más por lo que imaginamos que hace que lo que es mostrado en pantalla. Sugerir resulta un efecto más creíble aquí que una escena llena de salvajismo explícito.

Fotograma de Lost River.

Fotograma de Lost River.

Por otro lado, los colores ayudan a suavizar el constante temor de que algo malo va a pasar (pero luego no pasa); los tonos ochenteros rosas marcan quizás una feminidad que se defiende contra la opresión y la injusticia y el rojizo reflejo de la protagonista Billy impacta entre la maleza que la rodea. No se trata de sobrevivir sino de vivir por lo que tiene y su hijo Bones resulta ser un pilar importante en esta meta.

Fotograma de Lost River.

Fotograma de Lost River.

Y desde luego las antítesis están servidas; todo vale en esa parte abandonada de Detroit. El agua ahoga y sirve de canal para la salvación, el fuego comunica la crueldad y difunde el miedo, los hombres son autoritarios, egoístas y vulgares porque el aburrimiento les corroe y las mujeres son vestidos luminosos de un espectáculo de marionetas que baila al son que le marquen. Hasta existe una ciudad hundida y una a flote y en su contrariedad se consigue comprender mejor esta historia a veces con tintes surrealistas.

Fotograma de Lost River.

Fotograma de Lost River.

La música es lejana, como un canto de sirena que poco a poco va atrayendo al centro de la acción, ayudando en la composición de las escenas y definiendo las intenciones de los personajes. Como algo constante y sirviendo de telón de fondo mágico, apenas se nota pero se palpa y se agradece una banda sonora (muy electrónica) tan bien organizada con temas de Johnny Jewel, Glass Candy o Chromatics, entre otros.

La autoría de Gosling se completa aún más si se añade el dato de que también se ha encargado del guión, con un texto pequeño pero que quiere abarcarlo todo; cada palabra es un acierto indiscutible para encontrar una salida dentro del opaco paisaje presentado. Sea cine de autor, underground o independiente, lo cierto es que este trabajo es una maravilla cinematográfica para amantes de lo visual y con una capacidad extra de ver más allá de un paisaje desolado y de personas atrapadas en su propio infierno porque, en definitiva, Ryan Gosling ha logrado sacar belleza de la cruel mugre que arrasa este mundo.

Fotograma de Lost River.

Fotograma de Lost River.

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