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Madrugadas
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Madrugadas

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Siempre lo mismo:
sepulto el día lejos de tus brazos
y vuelve el papel en blanco
el color rojo de tus labios
y la muerte en las agujas del reloj.
Despierto sueño con tu pecho desnudo
balanceándose sobre los destrozos
que un día dejaste, y que hoy
vuelves para enterrar.
Te desnudo de piel y pasado y
tú liberas las ataduras que te impusieron otros
arrebatándole el frío a la madrugada
congelándome hasta arder
en una vida que no es la mía.
Sigo escribiéndote
con el único propósito de encontrarme
como cada noche en la que te tuve
y nunca,
nunca;
lo conseguí.
Solapo miedos y sueños
escritos en el papel
porque me falta tu espalda.
Siempre lo mismo:
apareces—porque te escribo—
y sin dejar nada
te largas,
y yo vuelvo sangrar en blanco
a empezar de nuevo
a olvidarte
a olvidarme
a odiarte
guardando—siempre—
la esperanza de que vuelvas
aunque

solo sea
para despedirte.

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