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Besos de nadie, de Victoria Ash
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Besos de nadie, de Victoria Ash

Cuánto dolor cabe en un silencio,
cuánta angustia en unos ojos
que miran atrás buscándote,
cuánta saliva en una boca
que te espera multiplicándose
al pensarte,
cuanta añoranza en un corazón
que llueve para recordarte.

La poesía, según qué autor y qué lector, toma distintas formas y colores. En el caso de Victoria Ash, sus Besos de nadie se me presentaron en forma de una persona, un ser creado a partir de mil pedacitos de recuerdos y de sentimientos. Sus poemas consiguen desarrollar en tu mente una especie de fantasma al cual estás abocado a amar al final del poemario.

Mientras leía, me preguntaba constantemente, ¿a quién tendrá en mente ahora?, ¿de dónde surgen todas las tormentas? Pero pronto me di cuenta de que ahí no estaba la cuestión, que daba lo mismo, que lo importante era lo que representaban para mí. Entonces mi mente creó a través de sus palabras a alguien sólido y real; a alguien a quién amar, odiar y, sobre todo, a quién echar de menos.

Porque Besos de nadie ilustra con dolorosa exactitud el sentimiento de añoranza. Poemas como Sin ti, No quiero que te vayas o Como forma de vida son un ejemplo claro de creaciones que te hacen echar de menos, ya sea a un amor perdido o a un familiar. Puedes palpar sus palabras a través de la piel, tocan tus heridas personales y a la vez consiguen lamerlas para aliviarte. Siempre presente la perdida, que te hace tener el corazón en un puño y querer rasgarte el alma para liberar los recuerdos.

Hay un poema que para mi tiene una fuerza especial, que ha conseguido llegarme muy adentro. La quiero a ella o la implacable realidad de cuando alguien lo es todo para ti (aire, fuego, tierra y agua). Confieso que me siento identificada, me fascina que todavía haya gente que se atreva a sentir de manera desbordada y a confesar la vulnerabilidad a la que se ve uno expuesto cuando decide abrirse a amar con corazón y no con razón.

En general, recomiendo encarecidamente este hermoso poemario para todo aquel que tenga ganas de enamorarse aunque sea por un rato. Aunque no me hago responsable de las heridas que se puedan reabrir y los recuerdos que puedan resurgir debido a su lectura. Para aquellos a los que nos pesa el pasado, bien puede ser una maravillosa terapia de choque, donde uno llega a aprender que el dolor no siempre mata y que el echar de menos a veces no está de más.

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