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Cortázar, mi fetiche
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Cortázar, mi fetiche

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El 12 de febrero pasado se cumplieron 31 años desde la partida de este mundo de Julio Cortázar*, uno de los más grandes escritores argentinos de todos los tiempos.

Muchos de nosotros lo recordamos por la historia de amor entre la Maga y Oliveira, la obra que formó parte del gran boom latinoamericano, o bien, por la gran cantidad de cuentos en los que nos ha atrapado hasta empaparnos el alma con su dulzura y sus delirios. Así es que el puñado de lectores fieles que lo ha seguido desde Bestiario, se ha ampliado en la multitud de aprendices que leyó Rayuela.

Julio Cortázar ha cambiado la vida a muchos jóvenes de las últimas generaciones, y lo sigue haciendo al día de hoy, por lo que nunca esta de más alguno de sus títulos en nuestra biblioteca. La obra cortazariana cuenta con más de 30 libros en los que se pueden aprovechar novelas, cuentarios, poemarios y obras criticas. Deslumbra desde muy joven con su lenguaje intelectual, convirtiéndose en la puerta a un paraíso infinito de posibilidades literarias que supo acompañar con sagacidad y la disciplina digna de un taekwondista. Su auto crítica lo obligó a exigirse y practicar un sexto sentido literario que desarrolló al máximo en textos breves y prosa poética.

… No fue sino a los treinta o treinta y dos años -aparte de una serie de poemas esparcidos por aquí y por allá, perdidos o quemados- cuando empecé a escribir historias cortas, sabía instintivamente que mis primeras historias jamás serían publicadas pues me había impuesto un elevado nivel literario y estaba decidido a alcanzarlo antes de publicar mi primera obra. Aquellos cuentos eran lo mejor que yo era capaz de hacer en aquel momento, pero no los juzgué aceptables, a pesar de que algunos contenían ciertas buenas ideas. Jamás presenté ninguno a ningún editor.

Hablar de la obra de Julio es adentrarse en un universo ilimitado de morfologías lingüísticas que enganchan desde las arterias, sin embargo en un afán de dar explicación alguna a mi devoción por el consumo de su material literario propongo este pequeño acercamiento.

En Las armas secretas (1959), el audaz escritor arremete cinco relatos que con el tiempo, convierte al libro, junto a Final del juego (1956), en uno de los títulos de referencia de la diversa narrativa cortazariana. Rescatándose títulos como: Los buenos servicios, Las Babas del Diablo, El perseguidor, La noche boca arriba, Me caigo y me levanto, etc.

[Vídeo: Fragmento de Las Babas del Diablo, Las armas secretas 1959]

Sumandose a esta trilogía Historias de cronopios y de famas (1962), novela de cuentos breves protagonizados por tres seres interesantísimos, famas, cronopios y esperanzas, que en tono canchero surreal, representan las clases sociales argentinas de los años 60. “Un cronopio es un dibujo fuera del margen, un poema sin rimas”, comentó el autor en algún momento. Así, el cronopio, fiel reflejo de la clase media dio pie a un sinfín de análisis de todo tipo que se extienden nuestros días.

Romántico y ágil como ninguno, con Rayuela (1963) no sólo marcó una nueva manera de escribir más se atrevió a romper los esquemas tipificados de las clásicas novelas, donde sus escritos cotidianos pactan de modo diáfano con lo fantástico. Supo enamorarnos con los encuentros y desencuetros de Horacio Oliveira con la Maga que pintaron París de un color distinto en apasionadas charlas intelectuales con el atropello de la pasión, y que ha sabido inspirar a escritores, músicos y artistas plásticos de maneras incontables.

Entre la Maga y yo crece un cañaveral de palabras, apenas nos separan unas horas y unas cuadras y ya mi pena se llama pena, mi amor se llama mi amor… Cada vez iré sintiendo menos y recordando más, pero qué es el recuerdo sino el idioma de los sentimientos, un diccionario de caras y días y perfumes que vuelven como los verbos y los adjetivos en el discurso, adelantándose solapados a la cosa en sí, al presente puro, entristeciéndonos o aleccionándonos vicariamente hasta que el propio ser se vuelve vicario, la cara que mira hacia atrás abre grandes los ojos, la verdadera cara se borra poco a poco como en las viejas fotos y Jano es de golpe cualquiera de nosotros. Todo esto se lo voy diciendo a Crevel pero es con la Maga que hablo, ahora que estamos tan lejos. Y no le hablo con las palabras que sólo han servido para no entendernos, ahora que ya es tarde empiezo a elegir otras, las de ella, las envueltas en eso que ella comprende y que no tiene nombre, auras y tensiones que crispan el aire entre dos cuerpos y llenan de polvo de oro una habitación o un verso. ¿Pero no hemos vivido así todo el tiempo, lacerándonos dulcemente? No, no hemos vivido así, ella hubiera querido pero una vez más yo volví a sentar el falso orden que disimula el caos, a fingir que me entregaba a una vida profunda de la que sólo tocaba el agua terrible con la punta de pie. – Fragmento del Capítulo 21, Rayuela 1963.

[Vídeo: Fragmento del Capítulo 7, Rayuela 1963. En la voz de Julio Cortázar, Gotan Proyect – Rayuela]

Indudablemente, aunque no es el género que más lo identifica, la obra cortazariana está colmada de poesías. A partir de Rayuela, se hizo habitual la aparición de poemas en sus libros, sin embargo Julio Cortázar hizo referencia a este tema comentando: “Nunca nadie me pregunta por la poesía”, y agrega: “Me hubiera gustado ser más un poeta que un narrador”. 

Y aunque dos libros no fueron suficientes para expresarlo todo, su poesía es completamente maravillosa, desbordante, peligrosa hasta dejarte sin aire, contando con: Pameos y meopas (1971) y post mortem, Salvo el crepúsculo (1984), que incitan a quererlo más y motiva a amar sin límites humanos.

En los poemas de Salvo el crepúsculo volcó sus realidades, sus juegos, su mundo, que eran las amistades, los paisajes, las ciudades, las calles, la música, los libros, etc, representados en variedad de sonetos, poemas de amor, letras de tango y otros textos de rato libre en el café, en el avión; acompañados de los textos que Juan “Tata” Cedrón cantó con música de Edgardo Cantón, como “Milonga” o “Veredas de Buenos Aires” con referencia directa al tango, a su lenguaje y ciertas experiencias personales de Cortázar dichas como un tango.

Cinco últimos poemas para Cris (I)

Ahora escribo pájaros.

No los veo venir, no los elijo,

de golpe están ahí, son esto,

una bandada de palabras

posándose

una

a

una

en los alambres de la página,

chirriando, picoteando, lluvia de alas

y yo sin pan que darles, solamente

dejándolos venir. Tal vez

sea eso un árbol

o tal vez

el amor. – De Con Tangos, Salvo el crepúsculo 1984.

Encargo

No me des tregua, no me perdones nunca.

Hostígame en la sangre, que cada cosa cruel sea tú que vuelves.

¡No me dejes dormir, no me des paz!

Entonces ganaré mi reino,

naceré lentamente.

No me pierdas como una música fácil, no seas caricia ni guante;

tállame como un sílex, desespérame.

Guarda tu amor humano, tu sonrisa, tu pelo. Dalos.

Ven a mí con tu cólera seca de fósforo y escamas.

Grita. Vomítame arena en la boca, rómpeme las fauces.

No me importa ignorarte en pleno día,

saber que juegas cara al sol y al hombre.

Compártelo.

Yo te pido la cruel ceremonia del tajo,

Lo que nadie te pide: las espinas

Hasta el hueso.

Arráncame esta cara infame,

oblígame a gritar al fin mi verdadero nombre. – De El nombre innombrable, Salvo el crepúsculo 1984.

Para Cortázar, la poesía era absolutamente necesaria, y si alguna nostalgia tuvo, fue “Que mi obra, en definitiva, no es una obra exclusivamente poética”.

Julio fue un hombre que amó fielmente a sus mujeres, que brilló en la escena literario de varias décadas, que inspiró a toda una generación pero sobre todo, fue un hombre comprometido políticamente aunque cuestionados en relación a sus pares  (Rodolfo Walsh, Osvaldo Soriano, Roberto Alrt), que entró en contacto con la revolución cubana, que apoyó con lírico entusiasmo los sandinistas en Nicaragua, y que se auto exilió durante el peronismo; utilizando su palabra como elemento estructural de pensamiento formacional, que en vez de sugerir espontaneidad, los recursos de collage y el contraste de planos narrativos sirven a la artificiosa necesidad de defender la guerrilla latinoamericana desde París.

Así, el erotismo, la ternura, las noticias del periódico, las predilecciones intelectuales, la política y la inevitable violencia se funden en un discurso libertador, tanto en las metáforas de escape como en el lenguaje sincopado y ricamente coloquial. Leerlo comprende una gama de posibilidades que se evidencia en el uso cotidiano de técnicas que ayudan a la comprensión de la realidad social y cultural. Sin dudas, un gustito que vale la vida darse a diario.

* Julio Florencio Cortázar (Ixelles, 26 de agosto de 1914 – París, 12 de febrero de 1984) fue un escritor, traductor e intelectual de nacionalidad argentina y francesa nacido en Bélgica. Optó por la nacionalidad francesa en 1981, en protesta contra el gobierno militar argentino. Vivió casi toda su vida en Argentina y buena parte en Europa. Residió en Italia, España, Suiza y París, ciudad donde se estableció en 1951 y en la que ambientó algunas de sus obras.

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