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Y claro.

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Y claro.

Y claro, la muy descarada entró tarde a clase y para colmo de mi corazón, se sentó a mi lado. Caminaba con su porte de Pasarela de Cibeles, su espalda recta, sacando a relucir sus tetas redondas, presumiendo de curvas y barrancos, ahogando a estudiantes gordos con granos en lagos de babas por su forma de mover el culo, su minifalda demasiado larga comparada con mis ganas de quitársela… coge la muy atrevida, y alejada de cualquier buen modal, se sienta a mi lado.

¿Qué se cree…? que un corazón que va a mil por hora cuando la ve enterar por la puerta, que unos ojos que no pueden estar pendientes de otra cosa más que de sus piernas, que unas manos y un cuerpo que se muere por tocar, por rozar, sus manos y su cuerpo, ¿qué se cree para sentarse a mi lado y torturarme de esa manera tan diabólica por no poder decirle que la amo?, que la amo carajo desde hace dos minutos, que quemaría todos mis poemas por encenderme los dedos con su piel, que dejaría de lado mi sentido del ridículo por decirle cuatro cosas en voz alta sobre el calentón que tenía entre las piernas, que por ella podría ir a cursos de bachata los sábados, y apuntarme a talleres sobre cocina japonesa, y aprender el arte de conmemorar cada fecha estúpida como hacen todas esas parejitas estúpidas, e ir a clases de taichí los domingos por la tarde con octogenarias o convertirme en su amigovio (si es que solo me quiere tener como amigovio), o mejor aún le pediría matrimonio en plena clase de Derecho Internacional y le propondría mudarnos a vivir a Lavapiés y tener hijos y llamarlos, libro, cactus o gato.

¿Quién se cree, la muy juguetona, para tener toda la mesa ordenada con el caos que yo tenía en mi, que leía las leyes del amor sobre el Código Civil, que los artículos se habían convertido en maneras de besarle la boca, que cuando todos hablaban sobre enfermedades y plagas y ébolas, a mí solo me apetecía contagiar mis dedos con el calor de sus fluidos, que ya no me importaba la clase de derecho sino las instrucciones para arrancarle la blusa y aprobar en la materia del quitarle el sujetador a la primera, y las fantasías y perversiones que haría con sus tetas; que veía mariposas volar sobre mi cabeza… ¡Espera! qué chorradas, qué tonterías digo,  mariposas… (el día que empezasteis a identificar las mariposas con el amor, murió un gatito).

¿Quién se crees  para hacer que me entren todas estas ganas de jugar con sus pezones de fresa, de agarrarle las caderas y hacérselo sobre la mesa para asombro de todos ‘miradles, miradles,  como se follan salvajemente, los muy descarados, miradles como se les sale el corazón del pecho cuando se rozan’.      (Ahora supongo yo, que tú estarás pensando lo mismo, claro).

Dioses, ¿y si todo esto es solo culpa de mi locura, y si solo habla mi corazón de poeta, y si tú no quieres ser más que mi amiga o mi desconocida o mi compañera de clase sin más propósito que un ‘hola’ y ‘adiós’, sin te amo de por medio, y sin domingos por la tarde en el sofá de tu casa, y sin paseos por la playa a las 2 de la madrugada, y sin hacernos esas fotitos que se hacen las parejas en las que tú apareces de espaldas y yo te agarro la mano y al fondo se ve un paisaje super guay y todos comentan en Facebook ‘oooh, qué bonito’, y sin cena de Navidad con tus padres, y sin cantar a Calamaro borrachos ‘quiero vivir dos veces para poder olvidarte. quiero llevarte conmigo y no voy a ninguna parte, no te preocupes paloma, hoy no estoy adentro miiiio…?. Perdón.  

¿Y si tú solo quieres ser, pero no conmigo, y si tú quieres estar, pero tampoco conmigo y si tu quieres amaRnecer, pero ni hablar de hacerlo conmigo?, demonios, ¿y si es que ya tienes novio o estás casada y tienes tres hijos?, que no me importa, de verdad, con 21 años estoy preparadísimo para hacer de padre e incluso de abuelo, aunque seguro que tú no lo creas y cuando me conozcas digas que soy un inmaduro pervertido idiota, que aún sueña con ser saxofonista o columnista del New York Times (aunque claro, ahora puestos a elegir columnas, me quedo con la tuya);  pero no, no creo que tengas pareja, eres demasiado perfecta como para estar con alguien que no sea poeta, y no escribes mensajitos mientras sonríes, ni tienes fotitos en la carpeta que resuman una historia de amor en un ‘gordi, te amo’, y seamos realistas, nadie te va querer como lo haría yo. Que no, que no tienes pareja, cada vez estoy más convencido de ello, porque si tuvieras pareja, no te habrías atrevido a preguntarme por dónde íbamos; tampoco creo yo que estuvieras tan perdida como para decírmelo a mi; justo tenía que ser a mí, que veía tus labios moverse a cámara lenta y mi erección me llevaba ya unos kilómetros de ventaja; estabas jugando conmigo e intentando romperme el hielo con una pregunta tonta… y vaya si lo conseguiste, estaba más caliente que Almería en Agosto.

Mira, no lo ocultes, yo sé que en realidad querías decirme que tú también sientes lo mismo por mí, y me escribes poemas y me ves en los anuncios del Foster’s Hollywood (por eso de que quieres comerme,claro) y seguro que imaginas una vida junto a mi, y que me amas por encima de todas las cosas y de todos los hombres, y que cuando lees todas esas pintadas que hay por el suelo de Madrid, piensas en mi y en las ganas que tienes de morrearme, y que nuestros hijos llevarán mi nombre o el de tu padre, y que te encantaría que te quitase el carmín de la boca a lametones y que te dijera que te quiero en rumano, y que deseas correrte hasta rozar las nubes con los dedos y sientas el placer de volar en tus yemas y grites mi nombre junto al de Dios Vuestro Señor. Perdón.

Sé que aunque estés en tercera matrícula y la asignatura te haya costado ochocientos euros, te estás haciendo la dura pasando de mí, haciendo como que atiendes, cuando en realidad estás pensando en las cien maneras de arrancarme el pantalón. Allá tú si  haces como que prefieres las leyes internacionales antes que pasar una vida mirándome a los ojos y aprendiendo todos los delitos que en ellos se reflejan. Yo te he avisado, para que luego no me eches la culpa si me encierran en la prisión de los días sin ti, por delinquir en timidez y miedo a tu rechazo, y tú seguirás toda tu vida pura y enamorada de mi, llena de arrepentimiento y de ojalá hubiéramos hecho las cosas de otra forma, mientras acaricias a tu gato, miras una flor mustia, lees a Pizarnik y ves pasar la vida desde el balcón más alto de la Gran Vía.

Intuyo que después de clase, para evitar todo esto, me vas a agarrar del cuello de la camisa y me vas a llevar hasta tu casa. Sé que vives en la calle ‘libertad es que me ames’ en el portal ‘nosotros contra el mundo’,  en el piso ‘voy a empezar a meterte mano en el ascensor y para ya con tus putas metáforas de mierda’, o tal vez vivas solamente en Móstoles; y por si no lo haces, en cuanto acabe la clase, pienso darte un beso, o un millón, o mejor, dámelos tú y nos evitamos el papeleo que conlleva eso de que me des tu número.

 

Por cierto, te quiero en rumano se dice: te iubesc.

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